La manta del sofá bajo la que habían visto decenas de películas.

Elena caminó lentamente por la casa.

No quería romper nada.

Aquellos objetos no tenían culpa.

Javier llegó después de medianoche.

Cerró la puerta con cuidado.

—Tenemos que hablar.

Elena estaba sentada en el comedor.

—Habla.

—¿Sabes lo que has hecho?

—Sí.

—2 inversores han cancelado sus reuniones. El despacho que llevaba la operación quiere revisar todo. Claudia no responde al teléfono.

Elena lo observó.

—Me sorprende que empieces por eso.

—¿Por dónde quieres que empiece?

—Puedes probar con tu matrimonio.

Javier tiró las llaves sobre la mesa.

—No entiendes la situación.

—La entiendo mucho mejor desde que conocí a tu prometida.

Él se sentó frente a ella.

—No planeé que ocurriera así.

—¿Cómo lo planeabas?

—No lo sé.

—¿Querías casarte con Claudia?

Javier se pasó las manos por el rostro.

—Creía que sí.

—¿Mientras seguías casado conmigo?

—Yo iba a solucionarlo.

—¿Cuándo?

Silencio.

—¿Después de conseguir la inversión?

Javier no respondió.

—¿Después de comprar el piso?

Nada.

—¿Después de fijar la boda?

Él levantó la cabeza.

—Tú y yo llevábamos tiempo mal.

Elena lo miró sorprendida.

—Ayer me dijiste que querías reservar una casa rural para nuestro aniversario.

—Porque no quería hacerte daño.

—Has mantenido una relación de 3 años para no hacerme daño.

—No fue así.

—Entonces explícame cómo fue.

Javier abrió la boca y volvió a cerrarla.

Por primera vez Elena vio con claridad algo que antes confundía con serenidad.

Javier no era bueno resolviendo conflictos.

Era bueno aplazándolos mientras otras personas pagaban el precio.

—Quiero separarme —dijo ella.

Él levantó la cabeza de golpe.

—No tomes decisiones en caliente.

—La decisión más caliente que he tomado esta semana ha sido elegir el traje para esta noche.

—Son 7 años, Elena.

—Para mí sí.

La frase lo golpeó.

—Eso es cruel.

—Cruel es descubrir que mientras celebrabas aniversarios conmigo estabas mirando salones de boda con otra mujer.

—La quería.

Elena sintió dolor, pero ya no sorpresa.

—Gracias.

Javier frunció el ceño.

—¿Por qué?

—Es la primera frase sincera que dices desde que llegaste.

Él miró al suelo.

—También te quiero a ti.

—Eso ya no arregla nada.

—Podemos ir a terapia.

—La terapia sirve cuando 2 personas intentan reparar una relación que conocen. Yo ni siquiera sabía en qué relación estaba.

Javier apretó los puños.

—No puedes borrar 7 años.

—No voy a borrarlos. Voy a dejar de permitir que esos 7 años decidan los siguientes 7.

Él durmió aquella noche en el despacho.

Elena apenas cerró los ojos.

A la mañana siguiente comenzó el proceso de separación con asesoramiento jurídico.

Durante las semanas posteriores, abogados y especialistas revisaron los movimientos de las cuentas compartidas, la aportación de cada parte, la estructura societaria y los pagos relacionados con el piso.

Elena no pidió nada imposible.

Quería claridad.

Quería que cada euro pudiera explicarse.

La ronda de inversión quedó paralizada mientras Montalbán Capital Partners revisaba documentación y responsabilidades.

Claudia solicitó asesoramiento independiente.

Renunció a participar en nuevas decisiones de la sociedad hasta comprender qué había firmado y de dónde procedían los fondos.

En la consultora, Claudia tardó 8 días en volver.

Cuando llegó, el portarretratos ya no estaba sobre su mesa.

Elena no mencionó nada.

Trabajaron durante horas como 2 profesionales que habían aprendido demasiado una de la otra sin haberlo pedido.

A última hora, Claudia se acercó.

—¿Tienes un minuto?

Elena cerró el portátil.

—Sí.

Claudia se sentó.

—He querido hablar contigo todos estos días.

—No tenías que hacerlo.

—Sí tenía.

Respiró hondo.

—Te conté detalles de mi boda. Te enseñé vestidos. Te pregunté si Chamberí era buena zona para vivir. Incluso me quejé delante de ti porque Javier trabajaba demasiado.

Elena bajó la mirada.

—Lo recuerdo.

—Debió de ser horrible.

—Lo fue.

Claudia tragó saliva.

—Nunca habría seguido con él si hubiera sabido la verdad.

—Te creo.

—¿Cómo puedes estar tan segura?

Elena pensó en la fotografía.

En aquella sonrisa inocente.

En la manera en que Claudia hablaba de su futuro sin miedo.

—Porque nadie que sabe que está participando en algo así pregunta con tanta naturalidad a la esposa cómo mantener viva una relación larga.

Claudia se cubrió los ojos unos segundos.

—Qué absurdo.

—Sí.

—¿Le odias?

Elena tardó en responder.

—No quiero dedicarle tanta energía.

Claudia asintió.

Nunca se hicieron amigas íntimas.

Tampoco necesitaban hacerlo.

Bastaba con no aceptar el papel que Javier parecía haber previsto para ellas: 2 mujeres enfrentadas mientras él se presentaba como víctima de una situación complicada.

Pasaron 6 meses.

Elena firmó los últimos documentos de la separación una mañana gris de marzo.

Al salir del despacho de Marta, caminó hasta el Paseo del Prado.

Madrid continuaba igual.

Autobuses.

Turistas.

Personas corriendo hacia el trabajo.

Camareros colocando mesas en las terrazas.