—Las cosas no son tan simples.

—Tener 2 parejas nunca lo es.

Claudia dejó los documentos.

—Me dijiste que vuestra relación había terminado antes de conocerme.

—Emocionalmente había terminado.

Elena lo miró.

—Eso también es nuevo para mí.

Claudia retrocedió.

—¿Dormías con ella?

Javier no respondió.

Elena no quiso humillar a Claudia contestando por él.

Pero su silencio volvió a ser suficiente.

Claudia se llevó una mano a la boca.

—Dios mío.

Javier intentó tocarle el brazo.

Ella se apartó.

—No me toques.

—Escúchame.

—Te he escuchado durante 3 años.

Su voz se quebró.

—3 años diciéndome que trabajabas demasiado. 3 años diciéndome que no podíamos pasar juntos ciertas Navidades porque tenías compromisos familiares. 3 años asegurándome que algún día dejarías de esconder nuestra relación porque eras una persona muy reservada.

Elena sintió un dolor inesperado.

Ella había vivido exactamente la historia inversa.

Javier también le decía que trabajaba demasiado.

También tenía excusas en fechas importantes.

También convertía las preguntas en ataques contra su intimidad.

Por primera vez ambas comprendieron que no habían estado compitiendo entre ellas.

Habían estado viviendo dentro de 2 versiones fabricadas por el mismo hombre.

Uno de los asesores de la empresa se acercó a Javier.

—Tenemos que suspender la reunión.

—No exageres.

—Hay información que no conocíamos.

—Esto se puede aclarar.

—Perfecto. Se aclarará antes de aceptar dinero de nadie.

Otro inversor recogió su abrigo.

—Nosotros también congelaremos cualquier decisión.

—No hay ninguna irregularidad —insistió Javier.

—Entonces la revisión será rápida —respondió el hombre.

Elena observó cómo el control que Javier había mantenido durante años comenzaba a deshacerse sin necesidad de gritos.

No porque ella estuviera destruyendo nada.

Sino porque demasiadas decisiones dependían de que nadie comparase las versiones de su historia.

Claudia miró su anillo.

Javier lo vio.

—No.

Ella levantó la cabeza.

—¿No qué?

—No tomes una decisión ahora.

—¿Como las decisiones que tú llevas tomando durante 3 años?

—Te quiero.

Claudia soltó una risa amarga.

—Eso también debe de decirlo en la otra casa.

Elena permaneció en silencio.

Javier la señaló.

—Ella está haciendo esto porque está dolida.

Claudia lo miró con incredulidad.

—Claro que está dolida. Es tu esposa.

Aquella frase fue la primera que hizo bajar la mirada a Javier.

Claudia se quitó el anillo.

—No puedes hablar de ella como si fuera una desconocida que ha venido a molestarte. Te has casado con ella.

—Claudia, dame unos días.

—Ya te he dado 3 años.

Dejó el anillo sobre la mesa.

El sonido diminuto del metal contra la madera pareció más fuerte que cualquier grito.

—No vuelvas a llamarme.

Javier palideció.

—No puedes tirar nuestra relación por una noche horrible.

—Nuestra relación no se ha roto esta noche.

Claudia señaló los documentos.

—Se rompió cada vez que me mentiste y yo no lo sabía.

Javier dio otro paso.

—Podemos arreglarlo.

—¿Qué quieres arreglar primero? ¿Tu matrimonio, nuestra boda, el piso o la empresa?

Él no encontró respuesta.

Claudia recogió su bolso.

Antes de marcharse miró a Elena.

Durante unos segundos ninguna supo qué decir.

Finalmente Claudia habló.

—Yo no sabía que existías.

—Lo sé.

—Te juro que si lo hubiera sabido…

—Lo sé.

Los ojos de Claudia se llenaron de lágrimas.

—Me hablaba de ti como si fueras una relación antigua.

Elena tragó saliva.

—Y a mí me hablaba de ti como si fueras trabajo.

Claudia cerró los ojos.

Aquella frase terminó de destruir cualquier duda.

—Perdón.

—Tú también has sido engañada.

Javier interrumpió.

—Esto es ridículo. ¿Ahora vais a hacer equipo contra mí?

Elena giró lentamente.

—No todo gira alrededor de ti, Javier.

Claudia salió del salón.

Javier quiso seguirla, pero su asesor financiero lo detuvo.

—Antes tenemos un problema aquí.

Elena cerró la carpeta.

Ella ya no necesitaba nada más.

Salió del hotel sin mirar atrás.

En el ascensor, por primera vez desde aquella fotografía, le temblaron las manos.

No sentía satisfacción.

Sentía agotamiento.

Había imaginado muchas veces cómo sería descubrir una infidelidad.

Siempre creyó que gritaría, rompería algo o le exigiría respuestas.

En cambio, cuando la realidad llegó, solo sintió que una etapa completa de su vida se había vuelto ajena.

En el aparcamiento llamó a Marta.

—Ya está.

—¿Qué ha pasado?

—Claudia no sabía nada.

—¿Y Javier?

Elena miró las luces de la Castellana.

—Ahora todos saben demasiado.

Marta guardó silencio unos segundos.

—Mañana revisamos tus opciones y protegemos lo que sea necesario. Esta noche no firmes nada y no discutas sobre dinero.

—No pienso hacerlo.

Elena regresó al piso de Retiro donde llevaba 5 años viviendo con Javier.

Cada objeto parecía conservar una versión de él que acababa de desaparecer.

La cafetera que compraron juntos.

Las fotografías de Asturias.

Los libros colocados por colores porque Javier decía que así el salón parecía más ordenado.