Por primera vez, Elena sonrió de verdad.
Esa noche Javier le escribió diciendo que tenía una cena profesional.
Elena abrió el armario, eligió un traje negro, guardó copias de los movimientos de la cuenta conjunta y su certificado matrimonial en una carpeta.
A las 20:07 cruzó las puertas del hotel.
Javier estaba al fondo del salón, brindando junto a Claudia.
Todavía creía que aquellas 2 mujeres pertenecían a mundos distintos.
Hasta que Elena caminó directamente hacia ellos.
PARTE 3
Javier fue el primero en verla.
La copa quedó suspendida a pocos centímetros de sus labios.
Durante 1 segundo no pareció asustado.
Pareció confundido.
Como si su cerebro se negara a aceptar que la mujer a la que había dejado en casa pudiera existir también dentro de aquella sala.
Claudia, en cambio, sonrió.
—¡Elena! ¿Qué haces aquí?
Varias personas se volvieron.
Había cerca de 40 invitados entre inversores, consultores, asesores y posibles socios. En la pantalla principal aparecía el nombre de Montalbán Capital Partners sobre una imagen de edificios de oficinas.
Javier dejó la copa.
—Elena, ¿podemos hablar fuera?
Ella continuó caminando.
—Por supuesto. Pero antes creo que deberías hacer una presentación que llevas 3 años retrasando.
Claudia frunció el ceño.
—¿Qué presentación?
Elena se detuvo frente a Javier.
—Adelante.
Él bajó la voz.
—No hagas esto aquí.
—¿Hacer qué?
—Montar una escena.
Elena sintió una calma extraña.
—Yo todavía no he montado nada.
Claudia miró primero a uno y luego al otro.
—¿Os conocéis?
Elena sostuvo la mirada de Javier.
—Mucho.
El rostro de Claudia cambió.
—Javier, ¿qué está pasando?
Él respiró hondo.
—Es complicado.
Elena abrió la carpeta.
—En realidad es bastante sencillo.
Sacó una copia del certificado.
—Claudia, Javier y yo estamos casados desde hace 7 años.
La joven dejó de respirar por un instante.
—¿Qué?
—Seguimos legalmente casados.
Claudia soltó una carcajada breve y nerviosa.
—No.
Miró a Javier.
—Dile que no.
Él no respondió.
El silencio fue tan evidente que incluso quienes fingían no escuchar dejaron de fingir.
—Javier —repitió Claudia—. Dime que no estás casado con ella.
—Claudia, déjame explicarlo.
El color desapareció de su rostro.
—Me dijiste que llevabas años solo.
—Nuestra relación estaba mal.
Elena lo miró.
—Curioso. Esta mañana desayunaste conmigo y me preguntaste qué quería hacer el domingo.
Javier apretó la mandíbula.
—No necesitamos discutir detalles personales delante de todo el mundo.
Un hombre de unos 50 años que estaba junto a la mesa principal intervino.
—Javier, si necesitáis unos minutos podemos aplazar la presentación.
Javier asintió rápidamente.
—Sí. Es un tema estrictamente privado.
—No del todo —dijo Elena.
Javier cerró los ojos por un segundo.
—Elena.
Ella sacó varios documentos.
—Parte del capital que aparece en esta empresa procede de una cuenta conjunta que Javier y yo compartimos.
El hombre dejó de moverse.
Otros 2 invitados se acercaron.
—¿Puedes concretar eso? —preguntó uno de ellos.
—Hay transferencias realizadas desde una cuenta de titularidad conjunta y un pago de 75.000 euros a una promotora. Además, existen movimientos periódicos hacia Claudia.
Claudia abrió los ojos.
—¿Hacia mí?
Elena le entregó una copia.
—Eso parece.
Claudia leyó las primeras líneas.
Su expresión pasó de la incredulidad al miedo.
—Javier me dijo que ese dinero procedía de sus inversiones.
Él dio un paso.
—Y es cierto. Yo gestionaba nuestras finanzas.
Elena giró hacia él.
—Gestionar una cuenta compartida no convierte automáticamente todo lo que contiene en patrimonio exclusivamente tuyo.
—Yo aportaba mucho más.
—Entonces podrás explicarlo ante quien corresponda.
Uno de los inversores cogió una hoja.
—¿La sociedad está financiada con fondos cuyo origen puede ser objeto de una disputa patrimonial?
Javier estiró la mano.
—Devuélveme eso. Son documentos privados.
El hombre dejó la hoja sobre la mesa.
—Precisamente por eso no quiero tocar nada más hasta que lo revise nuestro departamento jurídico.
El ambiente cambió en pocos segundos.
Ya no era una fiesta de presentación.
Era una sala llena de gente calculando riesgos.
Javier miró a Elena con una mezcla de furia y pánico.
—¿Has venido para arruinarme?
Ella sostuvo su mirada.
—He venido porque estabas presentando una empresa construida mientras ocultabas información que afecta a su financiación.
—Esto es una venganza.
—No. Una venganza habría sido inventar algo. Yo solo he traído documentos que ya existían.
Claudia seguía leyendo.
De repente levantó la cabeza.
—El pago de 75.000 euros…
Elena asintió.
—¿El piso de Chamberí?
Claudia miró a Javier.
—¿Pagaste la reserva con dinero de una cuenta que compartías con tu esposa?
—Era una operación temporal.
—¿Temporal para quién?
—Claudia…
—¿Ese piso iba a ser nuestro o era simplemente otra mentira?
—Claro que iba a ser nuestro.
—¿Y ella?
Claudia señaló a Elena.
—¿Qué pensabas hacer con ella?
Javier bajó todavía más la voz.
—Estaba intentando encontrar el momento adecuado.
Elena casi sonrió.
—Has tenido 3 años.