Una noche le preguntó a Carmen por qué Irene había hecho tanto por ella después del divorcio.
La anciana sonrió.
—Porque hay personas que dejan de ser tu pareja, pero no dejan de ser buenas personas.
Después le apretó la mano.
—Y tú aprende algo: nunca vuelvas a decidir quién tiene razón después de escuchar solo a quien habla más fuerte.
Álvaro no olvidó esa frase.
Durante años creyó que proteger a la familia significaba defenderla de cualquiera que viniera de fuera. Ahora sabía que también significaba tener el valor de mirar dentro de ella cuando algo no encajaba.
Porque, a veces, quien parece alejarse es la única persona que intentó avisarte.
Y, a veces, cuando finalmente descubres la verdad, todavía puedes reparar una parte del daño.
Pero nunca recuperar exactamente lo que rompiste.